Recrearse en un mundo de increíble e inimaginables
pensamientos, regido únicamente por tu capacidad imaginativa, llevada por mares
y torbellinos de palabras… Palabras y más palabras que forman ideas. Todas
ellas sin perfilar, sin pulir, trozos de carbón esperando a ser convertidos en
diamante. Pues, serán palabras expulsadas vomitivamente, casi escupidas…
rozando las insulcidades e incluso la inventiva estúpida, todo ello debido a un
conjunto de sentimientos, frustraciones e impulsos, que a veces solo pueden ser
amainados con escribir.
La escritura, en muchos momentos, como el medio de desagüe para ese río de situaciones y momentos, la escritura como vía de escape para crear mundos
propios, recreaciones utópicas de lo que en realidad te gustaría ser o lo que
en realidad te gustaría que fuera. Estupideces en su mayoría, cosas inconexas,
sin sentido, vaya. Pero que al fin y al cabo solo es una medida para no perder
la calma, para no hundirse, para sentirte donde estás y mantenerlo todo
estructurado… Casi como un amigo mío escribió, casualmente, una vez, “He de
morderme el labio inferior con mucha fuerza, ese dolor me hará mantenerme consciente,
darme cuenta que estoy aquí” pues la escritura es como ese dolor, me mantiene
aquí, y es tal cual este texto, es un trozo de carbón, sus palabras han sido
escupidas para cumplir la función de decirme que me encuentro justo en este sitio, que existo.
Y es que, muchas veces nuestra propia mente es mucho más
apetecible que el mundo real, que haya escrito ya 16 líneas de un simple
impulso es prueba de ello. Mi mente es mucho más confortable, parece tan real,
más real que este puñado de irraciocinios, máscaras, cobardías y demagogias que
ocurren en el mundo “verdadero”.
Sí, es obvio que peco de ególatra, es más que obvio, “mi
mente, mi ser, es mil veces mejor que cualquier persona que pueda conocer”
parece que esté queriendo expresar, pero, ¿y qué si es así?
Si es que a veces prefiero encerrarme en mi habitación a
escribir, a tocar algún instrumento, o a ver alguna película que tiente mis
sentidos, que me dé lo que las propias relaciones no consiguen, que me dé más
ideas para conseguir comprender algo de lo que ocurre fuera de mí, fuera de la
seguridad de mi cerebro. ¿Y qué si es extraño? La normalidad no es más que otra
situación cultural, otra norma social, lo que es normal aquí no lo es allá, no
es más que otra de esas hipocresías que pretendo evitar al quedarme en mis
elucubraciones.
Así que sí, peco de narcisista, me quiero demasiado, soy demasiado idólatra. Pero
pese a todo, comprendo que tengo defectos, y quizá este sea el mayor de todos,
pero yo que sé, soy feliz así, no importa nada más, mi felicidad de esta manera
no afecta a nadie y, al fin y al cabo, prácticamente consigue sacar
constantemente lo mejor de mí.
Eso es lo que acaba de ocurrir mientras verso estas
convulsivas y frenéticas líneas, me he recreado, he sacado de forma casi mágica
lo más profundo que parece que en este momento tiene mi ser, cosa que si no
hubiera sido escribiendo no hubieran
salido. Así que sí, he protegido mi felicidad, el equilibrio de mi mente que
estaba a punto de hacer alguna impulsiva y estúpida acción, al no encontrar vía
para sacarlo todo, me he mantenido estable, escribo esto para mi propia
felicidad a corta y larga instancia vamos…
Aunque, dado que quizá este texto nunca vea la luz (me estoy
planteando si postearlo o no), verdaderamente cumple su propósito, recrearme,
e, irónicamente, pues lo que me lo dice es mi propia consciencia, sacarme de lo
abstracto de mis pensamientos, que acabarán llevándome a nihilidades (me ha
pasado muchas otras veces, y como me ha pasado, he aprendido a evitarlo). O
bueno, conseguir que mi familia crea que necesito ir al psiquiatra (aunque creo
que mi madre más bien se refería a un psicólogo), eso, es algo que también ha conseguido.
El poder de la mente.
ResponderEliminar... No tiene límites.
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