lunes, 11 de noviembre de 2013

Un nuevo resplandor

La noche caía, poco a poco el Sol se iba posando lentamente en el horizonte. Un pequeño, de mirada perdida y piernas temblorosas, se compungía aterrado ante la idea de que anocheciera. Las horas oscuras se avecinaban, los momentos inciertos, el desconcierto ante lo desconocido, todo eso que se esconde detrás de las tinieblas de la noche. Miedo, un miedo que subía por sus débiles tobillos y que a cada palmo que la luz retrocedía se clavaba más y más a su gastada piel, como si de un afilado cuchillo se tratase.
Conocía muy bien esa sensación, siempre que los rayos luminosos se esfumaban se avecinaba una cada vez más fría y cruda noche, cada cual más feroz y destructiva que la anterior.

Pero, éste no podía hacer nada… Tan solo era un pequeño y tembloroso niño... Lo único que podía hacer era soportar, esperar por ese nuevo Sol, que pronto volvería a renacer entre las macizas montañas que cada vez se miraban menos al final del paisaje de tonos verdosos. Esperar. Esperar por un nuevo resplandor.

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