Este blog sin embargo, era, otra vez, un intento humilde de expresar los millones de flashes que por mi mente discurren a lo largo de mis días. Muchos de ellos se ven aplastados por la rutina y al final no se convierten siquiera en palabras palpables. Hasta que, de nuevo, el lugar donde pensaba compartirlos, este blog, se ha quedado abandonado.
Pero, lo que me lleva a escribir estas líneas, este soliloquio más bien pues dudo que quede alguien que lo lea, es un sentimiento de compromiso hacia mí mismo. Un intento de volver a intentar compartir todo aquello que escribo. Y lo sé, esto es solo un rincón, una esquina en el inmenso universo, una exhalación en la línea temporal, pero, quién sabe, pues no se trata de qué somos sí no de qué hacemos con lo que somos.
Y he tomado una decisión: hacer con lo que soy; con mis vivencias, pensamientos, sentimientos e impulsos; pequeños textos. En vuestra mano está reducirlos a diminutos o convertirlos en gigantes. Esa es la magia que sé y sabemos crear. Así que adelante de nuevo, al pequeño rincón donde los textos pueden ser deidades o simples reflejos de éstas, ese es el poder que poseemos.
(Espero haber transmitido un poco de esa emoción que me ha embargado esta noche el pensar que vuelvo a actualizar este rincón. Intentaré hacerlo todos los domingos. Un abrazo ^^)
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